
Calvià, viernes 12 de junio de 2026
Triunfo justo y necesario de The Prodigy
Aun por momentos con sensación de mecanicidad, los británicos coronaron una actuación compacta en una jornada que ofreció los excelentes conciertos de 31FAM, Standstill, Belén Aguilera, Arkadyan, Zulu Zulu, The Libertines y Samuraï, y donde Viva Suecia y Dani Fernández colmaron expectativas.
Por Annalisa Marí Pegrum y Víctor M. Conejo
José Luis Luna y Antonio Sureda (ver galería)
Arrancó una nueva edición del Mallorca Live Occident y el ambiente se respiró eléctrico desde el principio. Sin una presencia picoletera tan marcada como otros años, el goteo de asistentes fue constante desde primera hora. Una impresionante marea de público se dirigió con ganas hacia el escenario de La Plazuela; un perfil marcadamente festivalero, ecléctico y ávido de raíces urbanas que contrastó con la convocatoria algo más tímida que recibieron los catalanes 31 FAM.
Los de Sabadell desplegaron su arsenal de trap y reguetón apelando al “Mallorca Flow”, aunque no exentos de cierta guasa entre los asistentes: “¿Estos qué son, los Backstreet Boys catalanes?”. Eso sí, la ambición de su propuesta fue innegable. Con una puesta en escena de aroma teatral que inevitablemente trajo reminiscencias de la era «El madrileño» de C. Tangana, la banda se arropó con un solvente equipo de bailarines para convencer a un público no tan joven que transitaba por allí, mientras, a escasos metros, la primera línea de superfans de Dani Fernández ya había empezado a hacer cola.
Por suerte este es uno de los pocos festivales que se puede acceder con comida, así que pudimos coger energía antes de meternos en La Plaza, un escenario en el que bailar con ganas sobre el falso y cómodo césped. El trío Arkadyan calentó motores en un escenario que se ha visto mejorado en comparación con ediciones anteriores. Parallel ofrecieron un live in crescendo: vozarrón y bases más-que-pegadizas de los franceses basados en Lisboa.
A la vez empezaron The Libertines y Samuraï, así que había que escoger. En los primeros se vieron muchas boinas, así que nos fuimos hacia la segunda, donde llegamos a tiempo de escuchar una versión de «Maldito duende» de Héroes del Silencio. Muy jefa, tuvimos la oportunidad de verla en 2024 en el Atlàntida Film Fest y hoy repitió en un look muy bosquil, lunallenero, reminiscente de Belén Aguilera, con quien colaboró en «De charco en charco» y quien también iba a tocar esta misma madrugada, unas horas más tarde. “No siempre se está bien, la vida es lo que nos pasa mientras estamos intentando gestionar lo que nos pasa. Esta canción es para los que habéis hecho un esfuerzo por estar aquí”. ¡Olé!
Hay nombres que son el latido vivo de nuestra escena. Zulu Zulu —chamán del ritmo y figura imprescindible de nuestro subsuelo desde que tenemos uso de razón— regresó con un desafío mayúsculo al Escenario Espresso y logró encerrar su poliédrico imaginario de afro-beat psicodélico y polirritmias en un concierto atípico con cascos de escucha individual. Por un lado, lástima que un escenario con los nombres locales más sorprendentes pasara tan desapercibido… Por otro lado, quizás ahí radicara precisamente su magia. Formato íntimo e inmersivo en el que el verdadero reto era mantenerse sentado.
El idilio de Belén Aguilera con Mallorca, verdadera camaleona del pop nacional, es ya una maravillosa costumbre: tras conquistarnos en el Atlàntida, Es Gremi y el Castell de Bellver, la catalana regresó anoche para revolucionar su propio repertorio convirtiendo sus grandes hits en auténticas bombas de pista en versión bailongo. El público enloqueció con las sorpresas de la noche: una magnética reinterpretación de «Como una ola» y un cierre de infarto con una versión hiperacelerada de «El fantasma de la ópera».
Todo eso vio Annalisa y le llamó la atención, a mí que los de mayor tirón popular Dani Fernández y Viva Suecia actuaron en versión extendida en cuanto a instrumentistas sobre el escenario y visuales, con la nota común de que a ambos les dio por los interludios curiosos: de varias canciones casi down tempo el primero, de ramalazo cercano al góspel los segundos. Soltaron su canon de intensidad y cancionero habituales, y regalo para fans: Fernández salió a cantar el tema que tiene junto a los murcianos.
Como siempre pasa en este festival que de siempre ha tenido el buen gusto y la clarividencia de proponer música, hubo grandes descubrimientos. El pop elegante y trotón del dúo franco-escocés Yes And Maybe, la sabiduría guitarrera de los ingleses The Paisley Daze, el tecnopop oscurote y casi ravero de Parfavar y la divertida contundencia de Anabel Lee.
Standstill no eran sorpresa ni descubrimiento, porque han sido capitales en este país en música y en puesta en escena durante dos décadas. Están felizmente de vuelta, y han vuelto como siempre: telúricos, fascinantemente densos, en esta ocasión en formato contenido y cerrado sobre el escenario, y como era de esperar muy, muy sabios.
Los de la letra más gorda, The Prodigy, dieron un buen bolo. En ocasiones podía dar la impresión de una cierta mecanicidad y automatismo, pero con la montaña de pepinazos que tienen eso como mínimo significaba jolgorio. Muchos de ellos los anunciaban para al poco variarlos, casi reversionarlos, lo cual enriquecía la propuesta para quien los tuviera muy escuchados, como también dejaban en ligero contrapié a quien no. Hubo un detalle algo feote: salieron justo después de Standstill, ambos escenarios estaban pegados, y tras el último rasgueo de los barceloneses, el técnico de los británicos no quiso esperar a que el sonido se apagase por sí solo, y soltó un tema drum&bassero que pisó. Después de eso, lo dicho: triunfo justo y necesario.













































































































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